Revolución social española

La Revolución social española: Errores y limitaciones (Parte II)

La Revolución social de 1936 tuvo también su vertiente campesina, y si hubiéramos de decir la principal diferencia con las colectivizaciones en la zona industrial, diríamos que en el campo fue un proceso mucho más rápido (y a veces precipitado, demasiado). A medida que avanzaban las columnas de milicianos por el agro catalán y aragonés se iban levantando colectivizaciones campesinas por pueblos, villas y aldeas.

Depende del tamaño y la disposición del pueblo en cuestión, se adoptaba o una economía colectivista (mantenimiento del dinero) o anarcocomunista (abolición de la moneda), pero siempre se mantenía un esquema común indistintamente del plan económico trazado, a saber: Un órgano superior, que sustituiría al Ayuntamiento, llamado Comité Revolucionario (integrado mayormente por los cuadros de la CNT-FAI), dicho órgano planificaba las tareas y distribuía los trabajos entre los campesinos, es decir, el Comité era el ente regulador y planificador de la vida en todo el municipio. Desde un primer momento las colectivizaciones en el campo supusieron un avance para el nivel de vida de campesinos y braceros que, además, vieron incrementado el nivel de producción entre un 30 y un 50%. Pero, al igual que en la zona industrial, pronto surgirían las deficiencias tales como Comités revolucionarios colmados de neo-burgueses que veían la colectividad como su finca o despilfarro de bienes cuando había excedentes. Pero la principal limitación de la Revolución en el campo, sobretodo en el catalán, vino con el hecho de que en Cataluña abundaba la pequeña propiedad campesina (representada por los rabasaires). En septiembre de 1936, durante la celebración del Congrés Regional dels Pagesos de Catalunya, la CNT recomendó lo siguiente:

Al proceder al establecimiento de la colectivización de la tierra, a fin de que los pequeños propietarios no desconfíen ni un momento de nuestra acción emancipadora y, en su consecuencia, que no puedan convertirse en enemigos, entorpecedores o saboteadores de nuestra obra, se les respetará en principio el cultivo de las tierras que por sus brazos puedan labrar y siempre que esto no obstruya o dificulte el desarrollo debido de los núcleos que se colectivicen (…).”

Como podemos observar, oficialmente, se respetaba a la pequeña burguesía campesina para que ésta no fuera enemiga de la Revolución, pero las cosas se torcieron pronto, asestando una herida de muerte al devenir del proceso revolucionario, de la cual no podría recuperarse ya. En la mayoría de casos los pequeños campesinos fueron coaccionados violentamente para que cedieran su propiedad a la colectividad, pasando a ser un jornalero más. Estos actos acabarían provocando que la pequeña burguesía campestre acabara recalando en las filas de UGT y del PSUC, por tanto se cumplían los malos augurios del Congreso de septiembre de 1936 que pronosticó que los pequeños propietarios podían acabar en las filas de los enemigos de la Revolución si no se les respetaba. Y así ocurrió.

El descontento de los pequeños propietarios del campo fue tal que en enero de 1937, en la localidad de Fatarella (Tarragona), hubo un levantamiento de esa pequeña burguesía contra la CNT-FAI, con el inestimable apoyo del gobierno de la Generalitat y de los principales partidos comunistas y socialistas.

 

No nos extenderemos más en el presente artículo, pues ya existe otro que escribimos sobre la problemática de las colectivizaciones campesinas y que enlazaremos aquí para que sirva de complemento para así poder entender más y mejor el transcurso de la Revolución social en la zona campesina (http://kntrakultura.blogspot.com.es/2016/07/la-cuestion-agraria-el-problema.html).

 

BIBLIOGRAFIA:

  • GABRIELE RANZATO – LUCHA DE CLASES Y LUCHA POLÍTICA EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA
  • HISTORIA DEL MOVIMIENTO ANARQUISTA EN ESPAÑA – JOSEP TERMES
  • HISTORIA DEL MOVIMIENTO ANARCOSINDICALISTA ESPAÑOL – JUAN GOMEZ CASAS
  • LOS COMITÉS DE DEFENSA DE LA CNT EN BARCELONA (1933-1938) – AGUSTÍN GUILLAMÓN

 

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